miércoles, 9 de enero de 2013

[Mis viajes por Europa] Lisboa, descubriendo los barrios do Rossio, da Baixa y de Alfama.

Lisboa es la capital de Portugal y está situada en la ribera norte del río Tajo. Es una ciudad que tenía muchas ganas de visitar, ya que a pesar de ser una de las capitales europeas más pequeñas, la densidad de monumentos, museos y lugares que visitar es enorme. Tanto es así que no fui capaz de ver todo lo que ofrece y tengo en mente volver para visitar esos lugares que no pude la primera vez. 

En este primer post hablaré sobre la zona del centro de Lisboa, que comprende los barrios do Rossio, da Baixa y de Alfama. En los próximos posts contaré más cosas que se pueden ver en Lisboa y sus alrededores.

Comenzamos el viaje en la Plaza da Figueira, aunque la parada del Metro es Rossio, esto me causo un poco de confusión al salir al exterior, pero con el mapa en la mano rápidamente me situé. Esta plaza es un espacio delimitado por viviendas antiguas de techos abuhardillados, en el centro podemos observar el monumento al rey João I, la estatua está sobre un gran pedestal de piedra adornado con las armas de Portugal. 



Continuamos hacia la Plaza do Rossio que constituye el eje estético del centro de Lisboa. En esta plaza podemos ver el Teatro Nacional de Dona Maria II, situado al norte de la misma y frente a la fachada del teatro está el monumento a Pedro IV, emperador de Brasil y rey de Portugal que otorgó a los portugueses una Carta Constitucional en 1826.

Plaza do Rossio
Pasear por estas plazas es un autentico placer, durante los días de mi visita siempre terminé paseando por esta zona para después coger el metro de vuelta al hotel. 

Desde la Plaza do Rossio podemos ver los restos del Monasterio do Carmo, pero para acercarnos tendremos que usar el Elevador de Santa Justa. Desde la parte alta del elevador, las vistas de ciudad son impresionantes. Si queremos ahorrarnos el precio del elevador (ya que no es más que un ascensor) podemos subir por las callejuelas de la parte de atrás del elevador y llegar de igual modo a la parta alta. Desde allí podremos disfrutar de cerca del Monasterio y ver las grietas que dejó el terremoto de 1755.

Si ahora seguimos nuestra visita hacia el sur, paseando por las calles peatonales da Baixa, llegaremos hasta la Plaza del Comercio. Es un espacio amplio, limitado al sur por el embarcadero abierto al estuario, lo que le da un aire romántico. Al norte podemos observar un impresionante arco triunfal que da acceso a la Rua Augusta (calle principal da Baixa). En el centro de la plaza hay una estatua ecuestre del rey José I, que simboliza la culminación de la reconstrucción de la Lisboa moderna bajo el mandato de Marqués de Pombal.

Plaza do Comercio

Cerca de aquí encontramos la Plaza del Municipio, donde podemos ver el Pelourinho, símbolo de la libertad ciudadana de administrar justicia, frente a los privilegios eclesiásticos y señoriales frenados por el pueblo.

También cerca de la Plaza del Comercio, pero en dirección contraria, si seguimos caminando llegamos hasta la Sé-Catedral de  Lisboa. Este es uno de los monumentos más antiguos y emblemáticos de la ciudad. A pesar de haber quedado gravemente afectada por el terremoto de 1755, y de las posteriores remodelaciones, todavía se aprecian vestígios románicos tardíos y góticos. Su aspecto es de una gran sencillez, con un rosetón en el centro y dos campanarios gemelos.

Sé-Catedral

Si seguimos la calle que sube a la izquierda de la Sé, llegamos hasta el mirador de Santa Luzia. Este es uno de los miradores de mayor encanto de Lisboa. Está integrado por un espacio ajardinado y la Iglesia que le da nombre. Desde aquí se puede ver una amplia panorámica de los barrios orientales de la ribera del Tajo.

Desde el mirador de Santa Luzia podemos continuar la visita hacia el Castillo de São Jorge, que es un monumento nacional desde 1910 y se observa su estilo árabe en lo que queda. Pasear por sus jardines, y disfrutar con las vistas panorámicas de la ribera del Tajo es algo que todo el que visita Lisboa debería hacer. En su momento de mayor esplendor debió de gozar de un inigualable atractivo, gracias a la mezcla de las aportaciones musulmanas, romanas, góticas y fenicias, que todavía hoy podemos apreciar al visitarlo.

Castillo de São Jorge
Aquí terminamos la primera parte del viaje. Todavía quedan lugares muy interesantes por visitar como la Torre de Belem y el Monasterio dos Jerónimos, pero eso será en el próximo post.