miércoles, 13 de agosto de 2014

[Descubriendo Galicia] Un paseo por Baiona

Aprovechando una soleada pero no muy calurosa tarde de julio, nos acercamos hasta Baiona, localidad que fue testigo de la primera noticia del descubrimiento de América tras la llegada de la Carabela Pinta

El motivo de nuestra visita fue la reapertura de la Virgen de la Roca. Obra del arquitecto Antonio Palacios, construida en granito sobre las rocas del monte Sansón. Desde aquí hay unas vistas espectaculares de Baiona, las Islas Cíes y el océano Atlántico.

Virgen de la Roca
Vistas de Monte Boi y la Fortaleza de Monterreal

Vistas de Baiona


Una vez que hemos disfrutado de las vistas decidimos bajar a dar un paseo por el exterior de la Fortaleza de Monterreal. Comenzamos nuestro recorrido en el Paseo Pinzón, donde encontramos una estatua de Pinzón, obra del escultor León Ortega y que fue un regalo del pueblo hermano de Palos de la Frontera (Huelva).
Estatua de Pinzón
Exterior Fortaleza de Monterreal

Nos acercamos ahora hasta la fortaleza y encontramos, al pie de la muralla, el monumento Encuentro entre dos mundos del escultor Magín Picallo.

Monumento Encuentro entre dos mundos

Comenzamos a caminar por el paseo Monte Boi, donde veremos el exterior de la muralla y la Fortaleza de Monterreal.

Inicio del Paseo Monte Boi
Pazo de Monterreal

Torre del Príncipe


Puerta Principal o de Felipe IV

Entre el parque de A Palma y la playa Ribeira se encuentra el monumento a Alfonso IX, fundador, protector y bienhechor de Baiona. Es una obra de Juan Oliveira Viéitez.

Monumento a Alfonso IX
Para terminar nuestro paseo nos adentramos por el Casco Histórico de Baiona y llegamos hasta el Santuario de Santa Liberata, de estilo italiano bastardo con reminiscencias del toscano y plateresco. Destaca en su fachada la imagen de la Santa crucificada.Y a la Ex-Colegiata de Santa María, de estilo románico de transición con influencias cistercienses. Adorna su fachada principal un rosetón.

Santuario Santa Liberata

Ex-Colegiata Santa María
Nos faltó acercarnos hasta la Carabela Pinta, que alberga el Museo de la Navegación, pero siempre hay que dejar algo que ver para volver.